El Síndrome del Impostor

¿Por qué crees que no mereces tu nota (y cómo superarlo)?

Estás en la biblioteca. Has sacado una matrícula de honor en esa asignatura que pensabas suspender. Tu familia te felicita, tus compañeros te envidian, y tú… sientes un vacío. Piensas: «Ha sido suerte», «El profesor me tiene manía, si me vuelve a examinar me suspenderá», o peor aún: «Van a descubrir que no tengo ni idea y que soy un fraude». Esa sensación persistente de que tus logros son un accidente o fruto de la suerte, y no de tu esfuerzo o inteligencia, se llama Síndrome del Impostor. No es una enfermedad mental, sino un patrón psicológico muy común, especialmente entre estudiantes brillantes y perfeccionistas, y es una de las mayores causas de ansiedad y burnout en la universidad. Si lo padeces, es una señal de que eres una persona muy competente, pero estás autoexigiéndote demasiado.

1. El Auto-Diagnóstico: ¿Te sientes como un fraude?

El Síndrome del Impostor (SI) se manifiesta de muchas formas, pero todas tienen que ver con sabotear tu propia percepción del éxito.

Las 5 Frases del Impostor Académico:

  1. «Ha sido casualidad»: Atribuyes el éxito a factores externos (un examen fácil, suerte, un buen tutor).
  2. «Podría haberlo hecho mejor»: Nunca estás satisfecho con un 8, porque solo un 10 es «aceptable».
  3. «Me van a pillar»: Vives con el miedo constante de que el profesor o tus compañeros descubran que tu inteligencia es una farsa.
  4. «Tengo que saberlo todo»: Te da terror preguntar o cometer un error, porque crees que un error demostrará tu incompetencia.
  5. Procrastinación por Perfeccionismo: Retrasas el inicio de las tareas hasta el último minuto. Esto te permite tener una excusa creíble si el resultado es malo («no tuve tiempo»), lo cual alimenta el ciclo del fraude.

⚠️ Atención: El SI es muy común, pero si este sentimiento te está causando problemas graves de [Salud Mental en el estudiante], busca ayuda profesional en tu universidad.

2. El Ciclo de la Vergüenza: Por qué se repite

El SI es un círculo vicioso que te atrapa:

  1. Tarea inminente: Sientes una ansiedad inmensa por hacerla perfectamente.
  2. Sobreesfuerzo o Procrastinación: O trabajas 20 horas seguidas hasta el agotamiento (Sobreesfuerzo), o no empiezas hasta el final (Procrastinación).
  3. Resultado Positivo (Éxito): Apruebas o sacas buena nota.
  4. Atribución Externa: Si te esforzaste mucho, piensas: «Lo conseguí por esfuerzo brutal, no por habilidad.» Si procrastinaste, piensas: «Tuve suerte de que me saliera bien.»
  5. Refuerzo del Impostor: Como no atribuyes el éxito a tu habilidad, la próxima vez la ansiedad será aún mayor, y el ciclo se repite.

3. Hacks Mentales para Desmontar al Impostor

Romper este ciclo requiere cambiar la forma en que narras tus propios logros.

1. Haz un Registro de Competencias

Lleva un diario o nota en el móvil de todos tus logros académicos (notas altas, presentaciones exitosas, un error que corrigiste bien). Pero, al lado, escribe la causa real.

  • Mal: «Sobresaliente en Financiera (Tuve suerte con las preguntas).»
  • Bien: «Sobresaliente en Financiera (Resultado de estudiar la práctica difícil durante 3 horas y entender la lógica de los balances).»

2. Acepta el 80%

Si aspirar a la perfección (100%) te paraliza, ponte como meta consciente el 80% (el notable). Esto reduce la presión y te permite avanzar. Una vez que avanzas, puedes perfeccionar. La perfección es la principal herramienta de la procrastinación.

3. Pregunta y Habla de tus Errores

El Impostor quiere que parezcas omnisciente. La mejor forma de vencerlo es normalizar la vulnerabilidad. Pregunta dudas en clase, habla con otros compañeros sobre las dificultades de la materia. Te darás cuenta de que nadie «lo sabe todo» y que el aprendizaje es una suma de errores corregidos.

4. Revisa tus Criterios

¿Por qué necesitas esa nota? ¿Tu futuro laboral depende de esa matrícula de honor? Casi nunca. Pregúntate quién puso esa regla: ¿Tú mismo? ¿Tus padres? ¿Tu profesor? Desafía activamente esa norma: «Aprobar con un 7 es un éxito suficiente.»

Conclusión: Eres bueno/a, acéptalo.

El Síndrome del Impostor es, en esencia, un problema de atribución. Creer que no mereces lo que tienes te roba la confianza necesaria para avanzar.

La próxima vez que alguien te felicite por tu nota o tu trabajo, prueba a responder solo con tres palabras: «Gracias, me lo trabajé.» Y date permiso para creerlo.

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